Dios de mi vida y de mi corazón.
Yo sabía que este blog alguna vez existió, pero pensaba que se había borrado solo por inactividad o que no podría volver a encontrarlo y, mira tú por donde, de pronto ha aparecido y por sorpresa.
Cientos de cosas han pasado desde la última vez que escribí algo aquí. Para empezar, hace dos años que ya no vivo en España, qué cosas.
Breve resumen:
Los amigos vienen y van, las parejas se separan, el futuro es incierto y no hay nada sobre seguro.
Me operaron de la columna hace unos años porque me quedé tan inútil que ya no podía caminar. Pasé por todo el proceso de recuperación y volví a tener movilidad.
La pandemia nos trastocó a todos, de aquí poco se puede sacar.
Una amiga me vio muerta del asco en España, comiendo mierda porque no encontraba trabajo y me dijo: ´´¿te vienes a Bulgaria?´´ en cosa de dos meses ya estaba haciendo las maletas.
Actualidad:
El 13 de noviembre de 2021 empezó el viaje que cambiaría mi vida. No solo vine a un país que no sabía ni marcar en el mapa, perdí también mi casa en España y, con ella, quien era mi pareja y con quien pensaba que acabaría casándome. Empecé a coger llamadas en mi trabajo, me fueron ascendiendo y a los 7 meses de haber empezado ya era supervisora. Pensaba que estaba viviendo un sueño, aunque a veces era una auténtica pesadilla. También conocí a alguien nuevo que enseguida se hizo un hueco en mi corazón y tenemos nuestro pequeño piso cerca del centro de Sofía. Con nosotros viven nuestros animalitos y tenemos nuestra pequeña familia en un minúsculo piso de un solo dormitorio. Trabajamos nuestras 8h al día, vemos nuestras series, damos paseos... Tenemos una vida normal. No es ni remotamente parecido a los sueños que tenía cuando era más joven, pero es una vida que está bien tal y como es, sin grandes aspiraciones. Lo justo y necesario para vivir sin que te falte nada. Se vive bien aquí.
También estamos haciendo planes de futuro. Tal vez Estados Unidos, tal vez un regreso a España... Aún no lo tenemos claro porque ir a un sitio implica moverlo todo y poner nuestras vidas patas arriba hasta volver a adaptarnos. Ir al otro implica no saber qué esperar, inestabilidad laboral, contratos precarios y un precio para todo aquello que necesitas para vivir tan sumamente elevado que no podrías salir de allí una vez llegues.
A día de hoy, todo lo que puedo decir es que me he cansado de coger llamadas, me he vuelto aún más antisocial, aborrezco a las personas y solo me relaciono con un círculo muy estrecho de seres humanos que han sido cuidadosamente seleccionados. Aún soy joven, solo voy a cumplir 32 años. Tanto tiempo de relaciones tóxicas y ambientes inestables han hecho de mí una persona desconfiada que no ha sabido echar raíces porque, cuando algo parece fijo, es justo cuando se desmorona.
Trabajo sin ganas, duermo con sueño, como con hambre. Vivo al día.
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