Malos despertares
Le di los buenos días a Carlos e intenté dormirme. Pasaban ya las 7 de la mañana cuando por fin cogí el sueño. Tuve pesadillas, como casi cada noche. De hecho, es muy raro que yo tenga sueños agradables.
Me desperté entre las 2 y las 3 de la tarde, no lo se con exactitud por que tardé bastante en mirar el teléfono.
Tenía, como siempre, varias notificaciones de redes sociales. Ninguna de ellas era de quien yo quería que fueran.
Empecé a encontrarme mareada, confusa. Empecé a llorar otra vez. Como cada noche, como cada mañana al levantarme de nuevo completamente sola sin nadie que me de un beso de buenos días. Como un nuevo día que se avecina gris, silencioso y vacío, como mi cuerpo. Recipiente vacío sin alma, sin ánimo ni vida, sin ganas de nada.
Me levanto de la cama horas después, tropezando con todo. Maldita visión la mía, borrosa y lejana, que no me permite ver los obstáculos aunque estén frente a mis narices.
Me pongo las gafas y voy al baño.
Decido pintarme los labios para darle color a una boca que dudo ofrezca hoy una sonrisa.
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